Hara un tiempo ya, había un niño que no queria abrir los ojos.
Decia que el mundo era demasiado cruel para ser visto y que preferia simplemente olerlo, oirlo y degustarlo.
Así pues le gustaba la miel pero nunca habia visto quien la fabricaba.
Y así con infinidad de productos.
La gente que lo conocia se quedaba en un principio extrañada y luego veian como disfrutaba con cada bocado, con cada una de las acciones que hacía, las hacía con una sonrisa de oreja a oreja.
El decia que las cosas bonitas no estaban echar para ser vistas, si no degustadas por los otros sentidos, y que las cosas malas solo los ojos podian verlas.
Y la historia llego a oidos de un anciano del lugar, el cual era ciego por un desgraciado accidente y le dijo:
Muchaho yo he visto cosas horribles cierto, pero tb he visto cosas extraordinarias que creeme ni con la mayor agudeza de los sentidos restantes podria describirte.
Y daria cualquier cosa por volver a ver solo una vez más la sonrisa de mi esposa sosteniendo a mi hijo en brazos, es un momento, un recuerdo que veo cada vez en mi mente repetido una y otra vez y nunca me cansaria de ver. Como tu tampoco te cansaras de ver cuando empieces a disfrutar de la vista.
El niño quedo pensativo durante unos minutos, asimilando lo que habia dicho el hombre, pero siguio con su idea y recrimino:
Si puede ser que hallan cosas bonitas, pero y las malas, ¿me compensaran? No me gustaria ver morir a una persona, ni ver como un animal sufre.
El hombre se quedo pensando por unos minutos más y dijo una frase:
Si cierras los ojos no veras cosas malas, pero por ese motivo, cierra las orejas, tapate la nariz y tapate la boca por que la muerte se puede oir.
Hay olores que pueden llegar a hacerte vomitar y hay comidas que pueden dormir tu paladar.
El niño ante esto no pudo más que abrir los ojos
Ante el tras acostumbrarse a los primeros rayos de luz, vio a un hombre con rostro afable postrado en una silla de ruedas, y a un hombre más joven que parecia estar empujando dicha silla.
El niño se dirijio a la silla de ruedas y dio las gracias. El abuelo hecho a reir, no jovencito, no es a mi a quien tienes que dar las gracias es a mi acompañante.
Yo gracias a dios conservo la vista el hombre que te ha hecho recapacitar esta detrás de mi, yo solo he trasmitido su mensaje. Pensamos que si venia de un hombre mayor te llegaria más adentro.
Ahora como ves tus ojos te han engañado por primera vez, y no será la última aún te queda mucho para aprender a manajerlo.
Nada chicos/as, he aquí mi desvario del día.
saluDOS
2 comentarios:
Te ha quedado muy bonito, es como una moraleja :)
yo hoy opto por cerrar los ojos, taparme los oídos, cerrar la boca, taparme la nariz y envolverme en plástico para no sentir nada al tacto.
Pero es un relato bonito.
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