Los hay de muchos tipos, grandes, pequeños, fuertes, debiles, de hoja caduca, de hoja perene.
Pero todos y cada uno de ellos tienen algo especial, algo que me llama mucho la atenciíon, y es su peculiar manera de moverse con el aire, es como si el arbol estubiera allí plantando, en mitad de un baile esperando a que alguien lo saque a bailar.
Y entonces llega el, el aire, y empieza a mecer sus ramas, en un movimiento de vaiven, el arbol se deja llevar y luego vuelve a su posición.
Me puedo tirar horas viendo bailar a las ramas, horas pensando, horas sin nada que hacer, más que disfrutar de tan bello espectaculo. Quizás la gente le pareza una chorrada, pero a mi me gusta.
Me gusta tumbarme debajo de un arbol, con una ramita de caña de azucar entre los dientes, ponerme mi sombrero de paja sobre los ojos, y ver como la luz del sol cae sobre mi tenuemente, como con miedo, y pidiendo permiso al arbol.
Por que ya sabeis el dicho, a quien buen arbol se arrima buena sombra le covija.
Pues ale, que tengais lo mejor de la naturaleza y sepais aprovecharlo. Yo seguire a lo mío.
saluDOS
1 comentario:
En mi caso no me resulta tan hipnótico el contoneo de las hojas pero entiendo tu sensación. A mi me paa con la lluvia y el fuego de una chimenea.
Saludos!!
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